Diezmar sí o no (Parte 9)
Continuación…
Tampoco es algo que se le ocurre al diablo; es Dios mismo quien lo implementa cuando sacrifica un animal (derramando su sangre) para dar su piel a Adán y Eva para cubrir su desnudez cuando estos acababan de pecar al principio y se ven totalmente desprotegidos (desnudos) (Génesis 3: 21). Fue allí en que quedó por sentado que el sacrificio de un animal era necesario, que el derramamiento de su sangre podría cubrir el pecado del hombre más no quitarlo. Cuando Dios les pide el sacrificio de un animal a Caín y a Abel al presentar sus ofrendas mucho tiempo después, se trataba de un recordatorio perpetuo de aquel hecho de redención momentánea. Hasta allí sería como un acto de fe a la espera del sacrificio perfecto que vendría alguna vez.
Ahora los descendientes de Adán y Eva con el pasar de los siglos continúan edificando altares y haciendo sacrificios, pero sus descendientes (la humanidad) ahora alejada de Dios lo utiliza para sus dioses paganos. Pronto, siendo ya una humanidad totalmente enloquecida por el pecado, cruzarán la línea al empezar a ofrecer sacrificios humanos y ya no solo de animales.
Retornando a la historia de Caín y Abel, Caín quiere ofrecer a Dios alimento por ser agricultor, trayendo lo mejor de sus frutos, pero a Dios le desagradó tal ofrenda porque no era por frutos que se obtenía remisión por los pecados como ya vimos, sino por derramamiento de sangre. Era un sacrificio lo que Dios pedía, no alimentos. Y ya conocemos el desenlace terrible y la consecuencia de aquella trágica decisión de Caín.
Ahora bien, siglos más adelante Abraham proviene de Ur de los Caldeos como recordará y por supuesto allí como una civilización pagana alejada del Dios verdadero, adoraban dioses falsos a los cuales presentaban sus ofrendas.
Continuará…