La costumbre de no congregarse (6° Parte)
Continuación…
Cuando vemos multitudes que asisten a sus iglesias debidamente vestidos como quienes se dirigen a una reunión formal o a una fiesta, llevando a sus familias exactamente de la misma manera una y otra y otra y otra vez para cumplir algo que ya hace mucho realizan por defecto y tradición… ¿acaso no es eso una costumbre mortal? Tan mortal que se basa en evitar la consabida condena de la que se es objeto o a la que se expone su actor (según su tan desviada doctrina) si no asiste protocolariamente a su iglesia.
Para muchos, dicha costumbre es algo que comenzó desde sus etapas en el catolicismo; otros, lo que han vivido toda su vida desde su niñez en el medio cristiano.
A los cristianos de hoy no hay que convencerles de asistir, lo hacen y ya.
¿Pero qué hay por debajo? ¿Qué se ha perseguido con la obediencia ciega a ese protocolo? Control y aseguramiento del recurso financiero que representa cada feligrés. Todo en la manipulada idea de hacerles creer lo imprescindible que es asistir a un sitio “sagrado” para que Dios esté “complacido” con ellos y no falten para ser “alimentados” con su Palabra. La muerte que significa la dependencia a una forma y no la vida de depender y estar bajo Cristo únicamente.
¡Qué!, ¿será que solo estar con cristianos ayuda? Como ya dije, solo estar por estar no colabora nada. De hecho, para muchos hasta es problemático y huyen de ello. Ya vimos sus nefastas consecuencias. Para otros, sus tiempos de esparcimiento (como un club social).
Lo triste es que nadie en la iglesia tradicional puede ver que el sistema en que se encuentra es una normalizada y demoníaca programación de conciencias que tiene a todos como hipnotizados a repetir y repetir hasta morir una práctica errónea e infructuosa. Es tal la manipulación, que ninguno allí jamás aceptará ni reconocerá estar siendo utilizado porque están convencidos y seguros de estar obedeciendo el mandamiento de la Palabra de no dejar de congregarse. ¡¡Qué horror!!
Continuará…