domingo, 1 de noviembre de 2026

La costumbre de no congregarse (8° Parte)

La costumbre de no congregarse (8° Parte)

Continuación…

Para el liderazgo común, mientras los feligreses asistan los días de culto fielmente y ofrenden y hasta lleven a otros, todo está caminando perfecto. Para los feligreses, mientras les sirvan su cultito con todos los elementos que esperan, todo está marchando en orden.

¡Por Dios!, si no ve patética esa forma, es que está soberanamente saturado de institucionalidad; creyendo que está en el cielo, ¡está en realidad en un letargo religioso! Todo como resultado de la costumbre.

Si ese tipo de vida se le hizo común y normal, se acostumbró a la costumbre.

Dios que sí conocía el futuro, nos alertó, pero el escritor de Hebreos -sin habérselo propuesto y en desconocimiento lógico de ese contexto moderno-, plasma lo peligrosa y mortal que es la costumbre.

Esa mortífera y repetitiva práctica ya atentó por 1700 años con la vida, la espontaneidad propia de un reunirse en comunidad a disfrutar cada vez más y más de cosas nuevas y maravillosas en el marco de lo infinito de las cosas de Dios (Colosenses 2: 8-10; Efesios 3: 10; 1° Pedro 4: 10).

Esa es precisamente la diferencia a un solo reunirse porque siempre lo hacemos y de por sí nuestra agenda tiene ya reservado el tiempo que le dedicamos a nuestro “congregarnos” con horario y fecha específicos.

¡¡Terrible!!

Entendidos y consientes de esto, comparémoslo con nuestras reuniones por las casas porque sinceramente la problemática también se genera y es igualmente letal pues se están replicando cosas que para nada nos convienen. Y todavía no hemos entrado a la alerta en sí.

Continuará…


 

domingo, 25 de octubre de 2026

La costumbre de no congregarse (7° Parte)

La costumbre de no congregarse (7° Parte)

Continuación…

Para millones en cientos de años (mil setecientos para ser exactos) un congregarse que significa llegar a un lugar, sentarse y presenciar un programa que le sirven y desde el cual es dirigido y coaccionado. Por supuesto el tal programa debe ser atractivo y llenar sus expectativas “espirituales”. Debe “sentir algo agradable”, debe poder liberar tensiones acumuladas de su diario vivir y despojarse de la culpa de sus pecados.

La costumbre como notará conlleva en sí misma un proceso mecanizado y repetitivo… casi podríamos decir automatizado en que se responde de forma determinada porque es lo habitual. En otras palabras, ni se piensa ni se analiza el por qué se reacciona a los estímulos siempre de la misma forma, solo se hace y ya.

Es como una fábrica de automóviles en que se requiere que todos los autos posean el mismo ensamblaje y acabado. Se programan los procesos en máquinas que repiten una y otra vez los trabajos de forma idéntica y resultan vehículos en serie todos iguales. Pura costumbre.

Nos levantamos diciendo “hoy es el día del Señor” “hoy es día de culto” y vamos todos para la iglesia, aunque no se quiera o se sienta. Se está tan mecanizados que, si la reunión se extiende más de la hora que se acostumbra a terminar, nos sentimos incómodos y pensamos que es una falta de consideración por parte de los dirigentes por tomar más de nuestro tiempo. Porque a la verdad ya nos presentamos, ya cumplimos y será hasta la próxima vez que nos volvamos a reunir.

Y así se vive toda la vida cristiana repitiendo lo mismo hasta morir y nunca conocieron nada más allá de esa experiencia. Pasaron de esta vida sin ton ni son y sin congregarse nunca.

Continuará…