domingo, 13 de septiembre de 2026

La costumbre de no congregarse (1° Parte)

La costumbre de no congregarse (1° Parte)

No dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre… Hebreos 10: 25

Este pasaje tan conocido y mentado por millones hasta precisamente la palabra “costumbre” pues la mayoría no aprende el resto, posee una profundidad que se ha obviado solo por la insistencia de usarlo como un señalamiento y condena a quienes dejan de asistir a los cultos cristianos.

Pero como ya hemos analizado en otras ocasiones, el versículo en realidad no presenta por ninguna parte una condena sino una alerta.

Ahora, pongamos las cosas en claro. A quien Dios usara para escribir Hebreos, no tiene la menor idea de en lo que se convertiría el concepto de congregarse 20 siglos después en la era moderna saturada de institucionalidad. Cuando escribe estas palabras, lo hace en el contexto sobre congregarse que le es familiar y que es el legítimo, cuya forma podemos indagar pues se registra con claridad en la doctrina neotestamentaria según las cartas apostólicas.

Si todo hubiese permanecido como entonces, podríamos visualizar mejor el por qué de la alerta, pero lamentablemente lo que se entiende hoy por congregarse en las iglesias tradicionales no tiene asidero bíblico, ni da luz para que comprendamos la envergadura de la alerta que nos quiere mostrar la Palabra.

Por favor no piense en un culto cristiano a la hora de hablar de congregarse. Nada tiene que ver.

El versículo, aunque es corto, en su totalidad nos presenta información vital de lo que hace 2000 años significaba congregarse y pone los puntos sobre las íes para nosotros hoy.  

Quien concluya el congregarse como el tradicional hecho de ir a la iglesia, es muy corto de vista ignorando la Palabra que lo define como la sencilla reunión de mutua edificación de los santos bajo el señorío total de Cristo y únicamente de Él. En ello no existen jerarquías humanas, institucionalidad de ningún tipo ni dependencias enfermizas para con hombres.

¿Por qué sencilla? Porque a la verdad el sistema patentó la reunión cristiana como algo que ocupaba imprescindiblemente un local con condiciones especiales y santificado para su ejecución, además definió que solo personas profesionales y previamente preparadas la dirigieran haciendo a los feligreses dependientes de ellas, les impuso un programa para que la reunión tuviera únicamente ciertos márgenes para funcionar y como si fuera poco, cargó sobre las espaldas de los miembros todo el mantenimiento que demandara la descomunal estructura creada.

Continuará…


domingo, 6 de septiembre de 2026

Diezmar sí o no (Parte 38 y final)

Diezmar sí o no (Parte 38 y final)

Continuación…

Hay que tener conciencia para notar que el cristianismo actual dista a años luz del cristianismo sencillo y práctico contenido en la Palabra, pero también definición y vergüenza para alejarse en definitiva de ese sistema y dejar de una vez y por todas las dependencias humanas; volver a la senda antigua que representa la sencillez y vida de la genuina casa de Dios.

Abandone el sistema, no a sus hermanos.

Si no puede ver en su biblia las cosas que hemos enseñado tan claramente, es porque tiene una venda en sus ojos que solo Dios puede quitar si usted se lo permite, de lo contrario permanecerá así hasta que muera.

Para terminar, debemos responder claramente al título de esta serie: Diezmar sí o no. La respuesta a continuación:

Si hemos comprendido bien, la cuestión no define un contundente no o un imperativo sí en el diezmar, sino de qué manera hacerlo y por qué. Pero hay que dejar claro qué hacer con lo que conocíamos.

¡Diezmar no, nunca más! Jamás de nuevo a la manera religiosa, a la manera sistematizada de la iglesia moderna construida por los hombres; no obstante…

¡Diezmar sí, pero para Cristo!, en beneficio de su cuerpo, en la forma maravillosa de la Palabra y como lo practican los redimidos, los que han sido hechos libres y conforman un nuevo pueblo, un nuevo sacerdocio cuyas mentes han sido iluminadas por el Espíritu de la Palabra. 

Cualquier otro diezmo que le impongan como gentil o judío creyente, la verdad es diabólico y no se sorprenda con lo que voy a decirle sin temor alguno: trae treta oculta.

Fin.