domingo, 20 de septiembre de 2026

La costumbre de no congregarse (2° Parte)

La costumbre de no congregarse (2° Parte)

Continuación…

Eso sin mencionar que igualmente patentó a Dios y el entendimiento de su Palabra y hasta la relación con Él dentro de sus linderos estructurales.

Una verdadera tragedia que causó la muerte de la vida en comunidad como lo planteaba la Palabra.

El concepto de ir a la iglesia no se cita en ninguna parte del Nuevo Testamento porque no existe la idea de iglesia como un lugar a donde ir. Tal práctica es el resultado de la religión; ni de Dios ni de su Palabra después de la cruz.

Considere que la sola reunión de cristianos en determinado sitio sentados en bancas esperando que unos pocos les ministren y les sirvan la palabra manteniéndose toda la vida como oyentes pasivos y por lo tanto disfuncionales, no calza para nada con el “unos a otros” tan presente en el Nuevo Testamento y que era la tónica común de las reuniones de los santos.  

La poderosa dinámica de la mutua edificación que es al fin de cuentas la riqueza de la reunión de los creyentes donde fluyen los dones del Espíritu en todos y cada uno de los participantes haciéndolos funcionales en el cuerpo de Cristo siendo lo normal que ocurría en cada reunión, es lo que hace la gran diferencia en comparación con lo que practican hoy millones de cristianos. Por supuesto sin faltar el partimiento del pan (la cena del Señor) que es el sello que identifica a los creyentes inclusive como discípulos del Señor y seguidores del Camino.

Cualquier cosa diferente a eso, no concuerda con los propósitos de Dios y conforme a su diseño perfecto. Ni siquiera la sistemática célula le hace justicia, cuya característica encerró todo en asistir a una charla pre-elaborada por cierto líder vasallo de una iglesia madre y que se lleva a cabo en una casa. Su diseño no compagina para nada con la reunión de mutua edificación presente en el Nuevo Testamento.

Continuará…


domingo, 13 de septiembre de 2026

La costumbre de no congregarse (1° Parte)

La costumbre de no congregarse (1° Parte)

No dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre… Hebreos 10: 25

Este pasaje tan conocido y mentado por millones hasta precisamente la palabra “costumbre” pues la mayoría no aprende el resto, posee una profundidad que se ha obviado solo por la insistencia de usarlo como un señalamiento y condena a quienes dejan de asistir a los cultos cristianos.

Pero como ya hemos analizado en otras ocasiones, el versículo en realidad no presenta por ninguna parte una condena sino una alerta.

Ahora, pongamos las cosas en claro. A quien Dios usara para escribir Hebreos, no tiene la menor idea de en lo que se convertiría el concepto de congregarse 20 siglos después en la era moderna saturada de institucionalidad. Cuando escribe estas palabras, lo hace en el contexto sobre congregarse que le es familiar y que es el legítimo, cuya forma podemos indagar pues se registra con claridad en la doctrina neotestamentaria según las cartas apostólicas.

Si todo hubiese permanecido como entonces, podríamos visualizar mejor el por qué de la alerta, pero lamentablemente lo que se entiende hoy por congregarse en las iglesias tradicionales no tiene asidero bíblico, ni da luz para que comprendamos la envergadura de la alerta que nos quiere mostrar la Palabra.

Por favor no piense en un culto cristiano a la hora de hablar de congregarse. Nada tiene que ver.

El versículo, aunque es corto, en su totalidad nos presenta información vital de lo que hace 2000 años significaba congregarse y pone los puntos sobre las íes para nosotros hoy.  

Quien concluya el congregarse como el tradicional hecho de ir a la iglesia, es muy corto de vista ignorando la Palabra que lo define como la sencilla reunión de mutua edificación de los santos bajo el señorío total de Cristo y únicamente de Él. En ello no existen jerarquías humanas, institucionalidad de ningún tipo ni dependencias enfermizas para con hombres.

¿Por qué sencilla? Porque a la verdad el sistema patentó la reunión cristiana como algo que ocupaba imprescindiblemente un local con condiciones especiales y santificado para su ejecución, además definió que solo personas profesionales y previamente preparadas la dirigieran haciendo a los feligreses dependientes de ellas, les impuso un programa para que la reunión tuviera únicamente ciertos márgenes para funcionar y como si fuera poco, cargó sobre las espaldas de los miembros todo el mantenimiento que demandara la descomunal estructura creada.

Continuará…