"Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.." Hechos 2:46
domingo, 26 de marzo de 2017
domingo, 19 de marzo de 2017
La alabanza suprema (3° y última parte)
La alabanza suprema (3° y última parte)
Escrito autóctono
Continuación…
La alabanza suprema tiene que ver con “rajar” de
Dios (Salmo 18: 46) de todas las formas. Es como “hacer porras” de
nuestro Dios.
En realidad hay un universo de alabanza esperando
que lo exploremos. En eso la creación nos gana según leímos en Job.
Ahora,
no se trata que haga "vivas" de Dios porque hizo el sol, o cae la lluvia, o tiene
aire para respirar. Nadie verá grande a su Dios por eso. La verdad es que cualquiera
sin conocerle ni servirle recibe también dichos beneficios.
Pero
¿puede contarles lo que le está pasando ahora mismo de forma particular y
maravillosa por ser Él su Dios y que no lo hace el dios de ellos con ellos? Eso
ya haría la gran diferencia ¿no le parece?
Le
aseguro que el gadareno al contar su historia después de ser alguien abandonado
de todos y hasta temido, ahora al verle cuerdo y lleno de vida, muchos que le
conocían podrían decir cuán afortunado era de haberse encontrado con alguien
que sí pudo liberarle y cambió de forma tan impresionante su vida. Creo que a
muchos les provocaba hasta envidia.
¿Es
su vida la envidia de quienes le conocen por el Dios que usted tiene?
¿Qué
puede usted decir de su Dios que sea verdaderamente extraordinario, fuera de lo
normal pero que lo haya hecho con usted? En otras palabras, aquello que lo hace
un testigo real de que Dios no solamente existe sino que obra palpablemente en
usted.
Quizá
que en medio de la necesidad y que a nadie le alcanza, a usted sí y que recibe
el alimento en su mesa todos los días y está satisfecho; quizá que en medio de
la angustia usted tiene paz, que en medio de la desesperanza usted si tiene
genuina esperanza y la está disfrutando ahora mismo…; quizá que en medio del
miedo y temor de salir a la calle que tienen todos, usted va y viene tranquilo
porque Dios es su protector y guardaespaldas; quizá que entre tantas familias
disfuncionales, usted tiene una familia que se ama, está unida y confía en el
Señor. O podría ser que en medio del dolor de su cuerpo usted disfruta más allá
del alivio de su carne. Tal vez que en tal o cual problema que desesperaría a
cualquiera, usted halló propósito y vio a Dios actuar en su favor
sobrenaturalmente.
No
sé, tanto y tan sorprendente podría contar de cómo le trata Dios a usted por el
hecho de que usted es su hijo.
¿Ya
ve como si es posible alabar en todo tiempo y de mil y una formas sin siquiera
cantar afinadamente ni el feliz cumpleaños?
Pablo
decía: hablen entre ustedes con salmos, con himnos y cánticos espirituales… (Efesios 5: 19) Interesante que diga
“hablen”.
Quizá
porque es común que una letra impactante de una canción, fue primero una
historia, una experiencia más allá de lo común antes de ser puesta en el
pentagrama. Los salmos son testimonios y experiencias de los salmistas que
vinieron posteriormente a ser cantos.
En
ninguna manera este escrito está contra cantar o usar la música para alabar a
Dios, evidentemente. Jamás podría, más cuando la música, el canto y la
composición han sido parte de toda mi vida y lo sigue siendo. Pero estoy
totalmente convencido de que Dios quiere ampliar nuestro rango de alabanza a
solo cantar y usar música. Es un hecho.
Le
invito a alabar a Dios, meditar en todas las formas que tiene a la mano y con
las que puede hacerlo. Claro, y si de paso, como última opción, y si viene a su
mente, a lo mejor y aparezca por allí una melodía en su corazón que elevar al
Señor.
Fin
Próxima publicación: "Testimonio"
domingo, 12 de marzo de 2017
La alabanza suprema (2° parte)
La alabanza suprema (2° parte)
Escrito autóctono
Continuación…
Nunca nadie me habló de un glorioso culto de
alabanza en que la música brillara por su ausencia.
Pero si todo lo que respira es motivado en la
Palabra a alabar a Dios, entonces ¿cómo alaba a Dios una planta o una hormiga?
Nunca he visto a un árbol cantar o a una mariposa tocar un instrumento. Tampoco
a un gato o un perro "ministrar".
Lo cierto es que todos ellos alaban a Dios porque respiran, aún los
peces mismos lo hacen. (Job 12: 7-9)
Bien,
y yo que respiro, solo lo hago si hay música o me sé la última alabanza que
está de moda.
Insisto,
¡qué cortos nos hemos quedado en cuanto alabar a Dios!
Hay
quienes no saben que podrían alabar a Dios en sus trabajos, en la calle,
mientras viajan, mientras van de compras, aún cuando hay problemas o se
atraviesa la tormenta más terrible o se está en una cama enfermo… (“en todo tiempo” Salmo 34: 1).
Cualquiera
nos tomaría por dementes si nos ponemos a cantar canciones en circunstancias como
esas ¿no le parece? ¿Acaso no sería desequilibrado ponerse a cantar una canción
o creer que es eso lo que nos pide Dios cuando nos quedamos sin trabajo, o nos
cortan la luz, cuando muere un ser querido o quizá estando enfermos en una
cama? Algún religioso le dirá que sí, que “sacrifique alabanza” aunque cantar
sea lo último que le sale.
La
Palabra bien define que una actitud de alegría es buena razón para cantar (Santiago
5: 13b) y por cierto, no es necesario estar en la mejor de las
condiciones para mantener un corazón alegre y agradecido con Dios que nos inste
a cantar conforme leemos en la propia experiencia del apóstol Pablo (Hechos
16: 24 y 25)
¡Qué
cortos nos hemos quedado en alabar!
Si
alabar a Dios es decir lo maravilloso que es Él y cuán grandes obras hace, creo
que nos hemos dado más a la tarea de alabar, pero alabar a todo lo que no tiene
nada que ver con Dios que a Dios.
Sí,
alabamos a nuestro hijos frente a todos resaltando lo buenos que son en el
estudio, alabamos a nuestros políticos cuando son las épocas de elecciones,
alabamos a nuestra selección nacional de fútbol cuando gana a sus adversarios,
alabamos nuestro vehículo contándole a todos lo bueno que nos salió y lo
económico que es. Nos alabamos a nosotros mismos contándoles a todos lo
exitosos que somos o las buenas decisiones que tomamos. Alabamos a nuestros líderes
y a la iglesia en que estamos queriendo que todos vayan y vean como la Gloria
de Dios sí que se manifiesta allí.
Alabamos,
alabamos, alabamos… y no pedimos guitarra para hacerlo.
¿Me
estoy explicando? ¡Qué cortos nos hemos quedado en alabar!
Continuará…
domingo, 5 de marzo de 2017
La alabanza suprema (1° parte)
La alabanza suprema (1° parte)
Escrito autóctono
“Ve y cuenta cuán grandes cosas a hecho Dios
contigo” Jesús al Gadareno
Les soy sincero. En mi vida fui parte de variados
seminarios de alabanza no solo como participante sino hasta como exponente.
Pero pensar que este pasaje tuviese algo que ver con el secreto de llevar a las
multitudes a la presencia del Señor como director de Alabanza o músico, me
hubiera parecido más un “dedazo” o un mal copypage en la enseñanza que estaría preparando.
Alguien queriendo no darse por menos aquí podría
decir: “claro que tiene todo que ver porque alabar es proclamar las grandezas
de Dios en medio de la congregación”.
Entonces nos imaginamos a un equipo de alabanza o
un gran músico o compositor traernos una maravillosa melodía que muchos
aprenderán y con la cual alabarán a Dios en unos cultos masivos.
Si concluimos aquí que el Señor le está diciendo a
un hombre común que no es ni músico, ni cantante, ni se congrega en una
iglesia, ni sabe nada de una “unción de alabanza davídica”, que corra a alabar
a Dios, podría sonar demasiado a querer hallar una revelación en donde no está
para justificar integrar dicho pasaje a un estudio dirigido a ministros de
alabanza o personas acostumbradas a alabar a Dios, queriendo hallar una perla
donde nadie lo imaginaba.
Pero sí. No solo eso, sino que más que una
invitación por no decir que una orden, nos permite ir más allá en el comprender
que la alabanza no se circunscribe a personas preparadas y “ungidas” como
músicos o salmistas (les llaman ahora), ni se encierra dentro del contexto de
la música.
Con todo esto no pretendo que vaya a decirle a su
vecino que la biblia le ordena que se ponga a alabar a Dios. Lo que podría
sacarse es un portazo en la nariz.
Me refiero más bien a cómo comprendemos la alabanza
y a lo corto que nos hemos quedado con ella.
Casi por inercia, cuando anunciamos que vamos a
alabar a Dios, inmediatamente alistamos las palmas, limpiamos gargantas,
tomamos las panderetas, guitarras, teclados, himnarios, etc, y sabemos que es
el tiempo de corear melodías a Dios.
Bueno, entiéndase aquí que lo hablo como una
costumbre de toda la experiencia vivida en el pasado. Al menos por las casas ya
no usamos de equipos de alabanza, ni luces, ni super equipos de sonido o
sonidistas, ni canciones proyectadas ni nada por el estilo porque finalmente
cualquiera de manera espontánea puede en cualquier momento de nuestras
reuniones entonar un canto al Señor y los demás nos unimos.
Más nunca nadie me invitó jamás a un culto de
alabanza que no involucrara en absoluto una sola nota de música. ¿Le pasó a
usted?
Continuará...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)