domingo, 28 de junio de 2026

Diezmar sí o no (Parte 30)

Diezmar sí o no (Parte 30)

Continuación…

Cuando sobrevenía alguna calamidad a algún sitio (como la hambruna que hubo en Jerusalén en aquella época), todos los creyentes de otras partes enviaban dineros que recogían organizadamente según prosperaban semana a semana para atender y aliviar las necesidades presentadas (1° Corintios 16: 1-4). Esos dineros eran recogidos por creyentes fieles que los transportaban y entregaban íntegramente a su destino. Nadie metía mano a nada dolosamente.

Qué hermosa y sana coordinación del Espíritu y para testimonio y ejemplo de cómo debían ser las cosas.

Así debía seguir siendo.

Bueno, así lo continuamos haciendo la iglesia de la Palabra.

Ahora ya no practicamos ningún diezmo legalizado porque ahora damos más que solo un diezmo equis. Y como nos lo sugiere en práctica el Nuevo Testamento, en la iglesia nunca se habló de dar diezmos. Ningún pastor, anciano, apóstol, obispo, profeta, maestro, evangelista, ¡nadie pidió diezmos! Por eso tampoco lo llamamos así porque nos hemos dispuesto a dar más que solo un diez por ciento. Es que esto es un sacerdocio mayor.

Todo nuestro recurso en realidad le pertenece al Señor porque somos total y completamente de Él. Ahora damos con alegría y gozo de manera deliberada atendiendo cualquier necesidad en la casa del Señor la cual casa somos nosotros el pueblo santo y redimido del Señor sabiendo que en ello está el fruto igualmente santo del Señor.

No damos para que Dios nos bendiga, es que ya fuimos supremamente bendecidos por ser de Cristo y damos con total libertad y liberalidad sin siquiera pensar en igualar lo que apenas los judíos hicieron. Lo nuestro es mayor y mejor como lo dice Hebreos.

Ahora bien, ya le mostré la manera sana de la Palabra. Le toca a usted obedecerla o negarse y seguir con su religión.

Continuará…


domingo, 21 de junio de 2026

Diezmar sí o no (Parte 29)

Diezmar sí o no (Parte 29)

Continuación…

Sí, su prioridad Uno y el grosor del recurso se utilizaba para atender a los necesitados en mayor distribución (viudas, huérfanos, enfermos, extranjeros) y un pequeño porcentaje (el uno por ciento que normalmente usaría el sumo sacerdote terrenal) para sostener dignamente a quienes trabajaran arduamente y se dedicaran a la obra de la enseñanza y la extensión del reino, pero claramente señalados por el Espíritu Santo. Esto también es fácil concluirlo por el conocimiento de lo primero.  

Nadie debía aprovecharse, nadie tomaba solo las decisiones del uso del recurso que traía o en oculto (recordemos la reprensión contundente y terrible que sufrieron Ananías y Safira Hechos 5: 1-11).

Nadie debía tomar nada como si tuviese tal permiso, ni cobrar por su labor en la obra, más bien como principio debían trabajar y así colaborar con ese fondo común. Y vaya que lo hicieron con mucha alegría y responsabilidad. Hasta a las viudas jóvenes, el apóstol Pablo les recomendaba mejor que se casaran y así no gravar a la iglesia con su mantención (observe qué interesante) (1° Timoteo 5: 14 y 16).

Los administradores de esos recursos eran gente muy fiel, de honestidad probada, conocidos por todos y con características también probadas de ser llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, elegidos por todos y a quienes llamarían servidores de las mesas o diáconos (Hechos 6: 1-6). ¡¡Qué maravilla!!

Como nunca tenían que comprar enseres, ni terrenos, ni alquilar locales de forma permanente, ni edificar templos o construir edificios de uso eclesial, ni levantar disque ministerios ni proyectos de nada, tampoco pagar servicios de ningún tipo por el uso de esos inmuebles, ni seguridad, ni mantenimientos, ni propagandas de nada, tampoco hacerse de ministros profesionales a quienes tener que estar pagando jugosos y elevados salarios; el recurso fluía y rendía lo suficiente usándose para lo que Dios había ordenado siempre y conforme a su deseo. ¡¡Qué belleza!!

Continuará…


domingo, 14 de junio de 2026

Diezmar sí o no (Parte 28)

Diezmar sí o no (Parte 28)

Continuación…

De esa manera ellos estaban -sin habérselo propuesto y quizá ni siquiera habiéndolo comprendido al principio- entregándole a Cristo sus recursos, sus ofrendas, sus aportes. Y aunque tampoco lo dice la biblia, es fácil intuir que habiendo conocido por siglos el tema del diezmo y sus finalidades genuinas, ahora como creyentes judíos en Cristo continuaron aportando con mucha más razón para la finalidad y sustento de sus hermanos en la fe. Lo supiesen o no como repito, ahora aquel recurso era entregado al mejor y más alto sacerdocio existente, el de Cristo.

Me atrevo a pensar que el Espíritu les hizo caminar por allí sin conocer el por qué, pero más adelante aprendieron la razón. Ahora Cristo el Señor era su Sumo Sacerdote y cada uno de ellos miembros de una raza sacerdotal mayor y mejor (1° Pedro 2: 9).

Tiene total sentido. Usted y yo somos sacerdotes del Dios Altísimo, ministros de un real sacerdocio como dice la Palabra. Por ello los diezmos y ofrendas deben servir bíblicamente en atender cualquier justa necesidad que pudiéramos tener quienes formamos parte de ese bendito y santo pueblo. Pero no se me mal entienda.

No se trata de una fiesta de recursos en que todos y cualquiera meten mano, ojo.

Nunca fue así en la iglesia primera ni nunca fue lo que Dios planeó ni pretende tampoco.

Si leemos la historia de la iglesia de la Palabra y como se organizaron financieramente, ellos eran muy cuidadosos en el uso del recurso para no despilfarrar nada. Las finanzas no estaban ocultas sino a la vista de todos y entre todos definían los hermanos necesitados a los que ese recurso beneficiaría. Y aquí tiene también mucho sentido de nuevo lo que conocían de la forma en que se desarrollaba el tema de los diezmos en la parte judía el cual tenía prioridades claras. Ellos lo sabían y ya lo estudiamos y lo comprendimos nosotros según la Palabra.

Continuará…


domingo, 7 de junio de 2026

Diezmar sí o no (Parte 27)

Diezmar sí o no (Parte 27)

Continuación…

Entonces si debo entregar mi diezmo a alguien pregunto,  ¿lo haré a un sacerdocio inferior? ¿Acaso no sería mejor participar de él al mayor, al máximo, imperecedero y perfecto que exista?

No hay duda de que inteligentemente lo entregaría a Cristo.

Ahora como descendiente por la fe de Abraham que soy, poseo el privilegio de hacerlo a la manera de él. Lo entregaré al siguiente y más cercano a mi persona en esa suprema orden sacerdotal. No puedo entregarlo a Melquisedec porque estoy fuera de su época y él está fuera de mi alcance, pero no importa porque sí puedo entregarlo a Cristo quien vive para siempre y podré recibir de Él la misma categoría de bendición tal como la recibió Abraham.

Y Cristo me beneficia (bendice) con su pan que es su cuerpo y su vino que es su sangre. ¡Aleluya!

¿Nota la línea eterna y propósito del Padre? No solo genuina sino directa desde el principio. Es la conexión de los elegidos de Dios que trasciende las edades y aún las genéticas humanas.

De seguro usted se está preguntando: ¿Cómo puedo entregar mi diezmo a Cristo? Le digo que es totalmente válida la pregunta porque a Él no lo tengo físicamente conmigo. ¿Oh será que sí?

Cristo el Señor está conformado por miles y miles de hermanos creyentes. Usted y yo somos también parte de su cuerpo. Lo dice la biblia. Y a mis hermanos si los tengo conmigo.

Entonces aquí es fácil comprender por qué pasó lo que pasó allá en Hechos de los apóstoles. ¡Claro!, ellos colectaron todo el recurso y lo repartieron de forma ecuánime entre todos para que no hubiese nadie con necesidad. ¡¡Qué maravilla!!

Continuará…