domingo, 27 de septiembre de 2026

La costumbre de no congregarse (3° Parte)

La costumbre de no congregarse (3° Parte)

Continuación…

De hecho, la célula forma parte de una estrategia de igle-crecimiento moderno que no exenta por supuesto la consabida recolección de la ofrenda para que sea monetariamente muy conveniente para la iglesia que la promueve. Pero como dije, toda ella es ajena completamente a lo enseñado por la totalidad de la doctrina del Nuevo Testamento.  

Así que ni el tradicional culto cristiano ni el programa celular moderno calzan tampoco en ninguna forma con Hebreos 10: 25.

Si nuestra vida de iglesia no es la neotestamentaria, no conoceremos jamás el genuino congregarnos.  

Ahora bien, comprendamos que en la sintaxis del pasaje, la esencia define un peligro latente en el cual caían muchos de acostumbrarse a la idea de no estar en comunidad concluyendo carnalmente que se podía obviar y vivir con éxito el cristianismo de esa forma. Craso error. Dejar la comunión con los hermanos es igual a dejar de funcionar en la casa de Dios. Eso es señal de enfermedad que muy seguramente conducirá a la muerte. Tan serio como suena.

¿Por qué muerte? Porque visto en el plano físico biológico de un cuerpo común y corriente, la disfuncionalidad de un miembro es señal de un mal padecimiento, Si un miembro ya no sirve lo más probable es que se prescinda de él literal o fisiológicamente. Si se extirpa, separado del cuerpo los tejidos finalmente mueren si es que no están muertos ya. No es algo que se me ocurre para respaldar el planteamiento, ya lo hizo el apóstol Pablo hace dos mil años tomando también el ejemplo del cuerpo humano en comparación con la iglesia el cuerpo de Cristo. Se trata de que aprendiéramos cómo funciona el asunto.

No se puede suplantar la vida de comunidad con nada que se nos ocurra hacer disque sirviendo a Dios o convencidos de relacionarnos con Él en una idea de cristianismo individual. No es posible amar a la Cabeza y menospreciar al cuerpo. Entonces tanto abandonar como si fuera cualquier cosa la reunión de mutua edificación (tal como es el legítimo congregarse) como reunirse sin sentido de comunidad (lo que practican millones hoy), lleva al mismo fin peligroso. Hacer de cualquiera de las dos una costumbre, es letal.

Continuará…


domingo, 20 de septiembre de 2026

La costumbre de no congregarse (2° Parte)

La costumbre de no congregarse (2° Parte)

Continuación…

Eso sin mencionar que igualmente patentó a Dios y el entendimiento de su Palabra y hasta la relación con Él dentro de sus linderos estructurales.

Una verdadera tragedia que causó la muerte de la vida en comunidad como lo planteaba la Palabra.

El concepto de ir a la iglesia no se cita en ninguna parte del Nuevo Testamento porque no existe la idea de iglesia como un lugar a donde ir. Tal práctica es el resultado de la religión; ni de Dios ni de su Palabra después de la cruz.

Considere que la sola reunión de cristianos en determinado sitio sentados en bancas esperando que unos pocos les ministren y les sirvan la palabra manteniéndose toda la vida como oyentes pasivos y por lo tanto disfuncionales, no calza para nada con el “unos a otros” tan presente en el Nuevo Testamento y que era la tónica común de las reuniones de los santos.  

La poderosa dinámica de la mutua edificación que es al fin de cuentas la riqueza de la reunión de los creyentes donde fluyen los dones del Espíritu en todos y cada uno de los participantes haciéndolos funcionales en el cuerpo de Cristo siendo lo normal que ocurría en cada reunión, es lo que hace la gran diferencia en comparación con lo que practican hoy millones de cristianos. Por supuesto sin faltar el partimiento del pan (la cena del Señor) que es el sello que identifica a los creyentes inclusive como discípulos del Señor y seguidores del Camino.

Cualquier cosa diferente a eso, no concuerda con los propósitos de Dios y conforme a su diseño perfecto. Ni siquiera la sistemática célula le hace justicia, cuya característica encerró todo en asistir a una charla pre-elaborada por cierto líder vasallo de una iglesia madre y que se lleva a cabo en una casa. Su diseño no compagina para nada con la reunión de mutua edificación presente en el Nuevo Testamento.

Continuará…


domingo, 13 de septiembre de 2026

La costumbre de no congregarse (1° Parte)

La costumbre de no congregarse (1° Parte)

No dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre… Hebreos 10: 25

Este pasaje tan conocido y mentado por millones hasta precisamente la palabra “costumbre” pues la mayoría no aprende el resto, posee una profundidad que se ha obviado solo por la insistencia de usarlo como un señalamiento y condena a quienes dejan de asistir a los cultos cristianos.

Pero como ya hemos analizado en otras ocasiones, el versículo en realidad no presenta por ninguna parte una condena sino una alerta.

Ahora, pongamos las cosas en claro. A quien Dios usara para escribir Hebreos, no tiene la menor idea de en lo que se convertiría el concepto de congregarse 20 siglos después en la era moderna saturada de institucionalidad. Cuando escribe estas palabras, lo hace en el contexto sobre congregarse que le es familiar y que es el legítimo, cuya forma podemos indagar pues se registra con claridad en la doctrina neotestamentaria según las cartas apostólicas.

Si todo hubiese permanecido como entonces, podríamos visualizar mejor el por qué de la alerta, pero lamentablemente lo que se entiende hoy por congregarse en las iglesias tradicionales no tiene asidero bíblico, ni da luz para que comprendamos la envergadura de la alerta que nos quiere mostrar la Palabra.

Por favor no piense en un culto cristiano a la hora de hablar de congregarse. Nada tiene que ver.

El versículo, aunque es corto, en su totalidad nos presenta información vital de lo que hace 2000 años significaba congregarse y pone los puntos sobre las íes para nosotros hoy.  

Quien concluya el congregarse como el tradicional hecho de ir a la iglesia, es muy corto de vista ignorando la Palabra que lo define como la sencilla reunión de mutua edificación de los santos bajo el señorío total de Cristo y únicamente de Él. En ello no existen jerarquías humanas, institucionalidad de ningún tipo ni dependencias enfermizas para con hombres.

¿Por qué sencilla? Porque a la verdad el sistema patentó la reunión cristiana como algo que ocupaba imprescindiblemente un local con condiciones especiales y santificado para su ejecución, además definió que solo personas profesionales y previamente preparadas la dirigieran haciendo a los feligreses dependientes de ellas, les impuso un programa para que la reunión tuviera únicamente ciertos márgenes para funcionar y como si fuera poco, cargó sobre las espaldas de los miembros todo el mantenimiento que demandara la descomunal estructura creada.

Continuará…


domingo, 6 de septiembre de 2026

Diezmar sí o no (Parte 38 y final)

Diezmar sí o no (Parte 38 y final)

Continuación…

Hay que tener conciencia para notar que el cristianismo actual dista a años luz del cristianismo sencillo y práctico contenido en la Palabra, pero también definición y vergüenza para alejarse en definitiva de ese sistema y dejar de una vez y por todas las dependencias humanas; volver a la senda antigua que representa la sencillez y vida de la genuina casa de Dios.

Abandone el sistema, no a sus hermanos.

Si no puede ver en su biblia las cosas que hemos enseñado tan claramente, es porque tiene una venda en sus ojos que solo Dios puede quitar si usted se lo permite, de lo contrario permanecerá así hasta que muera.

Para terminar, debemos responder claramente al título de esta serie: Diezmar sí o no. La respuesta a continuación:

Si hemos comprendido bien, la cuestión no define un contundente no o un imperativo sí en el diezmar, sino de qué manera hacerlo y por qué. Pero hay que dejar claro qué hacer con lo que conocíamos.

¡Diezmar no, nunca más! Jamás de nuevo a la manera religiosa, a la manera sistematizada de la iglesia moderna construida por los hombres; no obstante…

¡Diezmar sí, pero para Cristo!, en beneficio de su cuerpo, en la forma maravillosa de la Palabra y como lo practican los redimidos, los que han sido hechos libres y conforman un nuevo pueblo, un nuevo sacerdocio cuyas mentes han sido iluminadas por el Espíritu de la Palabra. 

Cualquier otro diezmo que le impongan como gentil o judío creyente, la verdad es diabólico y no se sorprenda con lo que voy a decirle sin temor alguno: trae treta oculta.

Fin.