domingo, 25 de octubre de 2026

La costumbre de no congregarse (7° Parte)

La costumbre de no congregarse (7° Parte)

Continuación…

Para millones en cientos de años (mil setecientos para ser exactos) un congregarse que significa llegar a un lugar, sentarse y presenciar un programa que le sirven y desde el cual es dirigido y coaccionado. Por supuesto el tal programa debe ser atractivo y llenar sus expectativas “espirituales”. Debe “sentir algo agradable”, debe poder liberar tensiones acumuladas de su diario vivir y despojarse de la culpa de sus pecados.

La costumbre como notará conlleva en sí misma un proceso mecanizado y repetitivo… casi podríamos decir automatizado en que se responde de forma determinada porque es lo habitual. En otras palabras, ni se piensa ni se analiza el por qué se reacciona a los estímulos siempre de la misma forma, solo se hace y ya.

Es como una fábrica de automóviles en que se requiere que todos los autos posean el mismo ensamblaje y acabado. Se programan los procesos en máquinas que repiten una y otra vez los trabajos de forma idéntica y resultan vehículos en serie todos iguales. Pura costumbre.

Nos levantamos diciendo “hoy es el día del Señor” “hoy es día de culto” y vamos todos para la iglesia, aunque no se quiera o se sienta. Se está tan mecanizados que, si la reunión se extiende más de la hora que se acostumbra a terminar, nos sentimos incómodos y pensamos que es una falta de consideración por parte de los dirigentes por tomar más de nuestro tiempo. Porque a la verdad ya nos presentamos, ya cumplimos y será hasta la próxima vez que nos volvamos a reunir.

Y así se vive toda la vida cristiana repitiendo lo mismo hasta morir y nunca conocieron nada más allá de esa experiencia. Pasaron de esta vida sin ton ni son y sin congregarse nunca.

Continuará…