Diezmar sí o no (Parte 26)
Continuación…
Para nosotros como gentiles creyentes y para los judíos que deciden creer en Cristo el Señor, este pan y este vino poseen la representación del poder de la victoria que Cristo alcanzó en la cruz ofreciéndose a sí mismo. ¡¡¡Qué glorioso!!! Por ello el Señor insiste en que no debemos de dejar de practicar su cena recordando tal Victoria que ganó para nosotros.
Y por cierto no es ninguna santa cena… eso es religioso (diabólica religión). Ni es un pedacito de galletita con una minicopita conteniendo fresco de paquete.
El Señor y el apóstol Pablo dieron instrucciones claras y precisas de cómo celebrarlo y el contexto en que debe ser celebrado y se trata de una reunión pequeña de creyentes redimidos que juntos cenan una comida completa en medio de la cual luce un pan (ojo, un pan sin levadura), un único pan que partirán y del cual comerán todos y una sola copa con vino de la cual beberán todos.
Desgraciadamente la religión lo desvirtuó todo patentándolo como santa cena, que ni es santa ni es una cena. En fin… Continuemos.
La esencia del acontecimiento de Abraham y Melquisedec nos dice entonces que aquel diezmo fue entregado a un sacerdote, pero no a cualquiera sino al que tuviese las características descritas. Ser sacerdote del Dios altísimo, ser de un sacerdocio cuya orden es la mayor disponible sin que exista orden alguna que estuviere por encima de ella y además con los atestados eternos que la definen.
Entonces, si establecemos una línea literal desde Melquisedec hacia el futuro, el único que posee los mismos atestados a la vista es Cristo el Señor que le sucede.
Dicha línea pasa altísimamente por encima de los sacerdocios humanos incluyendo por supuesto al mismo Aarón y el sacerdocio levítico judío que fuera avalado por Dios para ellos. Esa línea ni siquiera toca a la levítica.
Continuará…