domingo, 26 de mayo de 2024

Doctrinas y prácticas evangélicas en el ojo del escrutinio. 87° Parte

Doctrinas y prácticas evangélicas en el ojo del escrutinio. 87° Parte

Continuación…

Soy de los que creo sin la mínima duda y sin equivocación alguna que, si alguien no toma el llamado del Señor, Dios definirá a otro que lo haga sin importar si es hombre o mujer porque ambos ante Dios son iguales.

En la genuina casa del Señor (la iglesia) todos y todas son de gran importancia y todos y todas funcionan según la designación del Espíritu para la buena dinámica de ella y el buen desarrollo de la obra. Es lo que veo con toda claridad en el Nuevo Testamento y es la forma que debería regirnos.

Ya solo comprender que en la verdadera casa del Señor (la iglesia de la Palabra) no existen las oficialidades de puestos gerenciales o de mando, eso ya nos soluciona el buen entender de todo cuanto plantea el Nuevo Testamento con respecto a la funcionalidad de todos los miembros (tanto hombres como mujeres) y que no hay por ninguna parte luchas de poder ni posiciones que ocupar para nada.

En la Palabra se resalta el valor del trabajo en la obra del Señor tanto de hombres como de mujeres, unos de ciertas formas y otros de otras, pero la realidad es que todas de vital importancia.

Se nos olvida que una sana función pastoral según el Nuevo Testamento nada tiene que ver con control, manejo, manipulación, estrellato, ni nada parecido; sino de cuido, enseñanza, guía, consejo, alimento, ánimo, exhortación, acompañamiento, ejemplo, etc... cosas que no necesariamente tienen aplicación exclusiva dentro de la comunidad de hermanos local sino que trascienden fuera de ella siendo ejercida tanto por el hombre como por la mujer, lo que es de gran provecho para el reino.

Observo por ejemplo hermosamente como Pablo recomienda a las viudas y a las ancianas a enseñar y aconsejar a las mujeres jóvenes para que estas aprendan de mejor manera a funcionar en sus hogares y dar testimonio de Cristo, y eso no es otra cosa que una labor pastoral neotestamentaria ejercida por hermanas en la casa del Señor. No se vería bien a un hombre haciendo eso, no convendría, pero la mujer calza perfecto.

Continuará…


domingo, 19 de mayo de 2024

Doctrinas y prácticas evangélicas en el ojo del escrutinio. 86° Parte

Doctrinas y prácticas evangélicas en el ojo del escrutinio. 86° Parte

Continuación…

Se trata entonces de una ordenanza apostólica local, no de un mandamiento apostólico universal. Esto porque la participación de la mujer en la iglesia del primer siglo era la misma de cualquier hombre, una que era importante más no relevante por sobre nadie. Una que es por turno y no centralizada en nadie específicamente más que en Cristo el Señor.

En la familia, se cumple que el mayor sirve al menor. En el caso del padre de familia lo podemos comprender con claridad, no porque sea mayor porque en realidad no lo es, más sí ostenta la calidad de cabeza.

¿Pero serlo significaba un puesto de mando y control? ¡Claro que no! es una designación que le señala para servir a los suyos, no para servirse de ellos.

Su función como cabeza en su familia, es la misma de Cristo para con la iglesia según nos define la Palabra. 

Y nunca vemos a Cristo tiranizando, manipulando, maltratando, aprovechándose, dominando, ni nada por el estilo respecto a la iglesia sino amándola, embelleciéndola, sirviéndole, cuidándola, entregándose por ella. ¡Qué diferencia al concepto machista que los hombres (aún los religiosos) le dan al tema de sentirse cabeza de la mujer!

Por desgracia en la iglesia tradicional se insiste impregnando niveles de cargo a funciones de servicio como lo son ser obispo, pastor, apóstol, profeta, evangelista, maestro, etc; como si el funcionar con cualquiera de ellos se tratara de puestos por encima de los demás y lugares de señorío, lo que a la luz del Nuevo Testamento es un verdadero desvío y error doctrinal.

No terminamos de comprender que todo en la casa del Señor y según la sana doctrina Neotestamentaria, se complementa entre sí para glorificar el Nombre del Señor y todo tiene tal importancia que, si carecemos de algo, es más difícil que la obra del Señor se desarrolle sanamente.

Continuará…


domingo, 12 de mayo de 2024

Doctrinas y prácticas evangélicas en el ojo del escrutinio. 85° Parte

Doctrinas y prácticas evangélicas en el ojo del escrutinio. 85° Parte

Continuación…

La idea de Dios en su casa según el Nuevo Testamento va muy de la mano con el corazón de Cristo al venir a nosotros hace 2000 años: igualdad entre todos.

Ni el hombre está por encima de la mujer en la iglesia ni la mujer por encima del hombre. Comprendamos de una vez por todas que entonces funcionar en dicha casa se trata de servicio, no de una competencia de obtención de puestos.

Por supuesto acá saldrán los que sacan pasajes bíblicos fuera de contexto para justificar sus posiciones como es el caso de lo que dice Pablo a su colaborador Timoteo en 1° Timoteo 2: 11 al 15 o escribe en 1° Corintios 14: 34 y 35 en que expresamente se refiere a silenciar a las hermanas en la congregación. Ambos pasajes parecen una instrucción totalmente anti género para con las mujeres por parte del apóstol, pero por supuesto no lo son.

Si comprobamos no solo en el contexto de los pasajes, sino de las demás cartas del apóstol el contexto cultural-histórico, sumado a pasajes de tanta claridad como Romanos 16 y Gálatas 3: 28, primero no está estableciendo una doctrina para ser acatada en todo lugar y segundo no compagina con la realidad de la participación ministerial de muchas hermanas que trabajan en la obra y son mencionadas constantemente por Pablo. Le aseguro que hermanas de tal calibre espiritual y riqueza en experiencias y conocimiento, no estaban para quedar mudas en sus comunidades cristianas.

En los pasajes de Timoteo y Corintios, se trata a todas luces de participaciones excesivas y sin contenido de relevancia que no venían al caso en medio de la reunión de esas comunidades por parte de muchas mujeres, lo que se prestaba para desorden y no para edificación. Ello obedecía a lo que era común en prácticas paganas de las regiones en las que fueron plantadas estas iglesias a las que escribe el apóstol, en donde el papel de la mujer era de clara jerarquía e influencia. En esas prácticas el rol de la mujer como profetisa o sacerdotisa era por demás evidente y resaltante. Eso no continuaría siendo así en la comunidad cristiana en que la dinámica era diferente y cosas como esas por supuesto debían regularse.

Continuará…


domingo, 5 de mayo de 2024

Doctrinas y prácticas evangélicas en el ojo del escrutinio. 84° Parte

Doctrinas y prácticas evangélicas en el ojo del escrutinio. 84° Parte

Continuación…

Pregunto: ¿acaso el Espíritu Santo vino únicamente sobre los hombres y dejó a las mujeres como testigos presenciales de lo que sucedía en Pentecostés?

¿Por qué las capacitó también? ¿Y por qué cuando oraron por denuedo el Espíritu no llenó solo a los hombres presentes sino a todos y a todas?

La razón es que el Espíritu Santo no considera a solo los hombres capaces de cumplir con la obra de Dios, sino que también la mujer está en la lista del Señor para ser usadas con Poder de lo alto.

Que no veamos en la Palabra a una evangelista poderosa o a una versión apostólica femenina al estilo de Pablo, no es porque no puedan hacerlo, sino por un tema de cuido y ternura de Dios para con ellas, por un tema de biología que les haría a ellas más incómodo con sus organismos dedicarse a esas funciones y exponerse inclusive a maltratos y peligros que puede conllevar dicha función que al hombre. Pero de que pueden, podrían; y son capacitadas para realizar importantes y vitales funciones en la casa del Señor. De que su predica y/o enseñanza es tan poderosa como la de los varones no le quepa la menor duda.

Para Dios no es un tema de capacidad porque tanto hombres como mujeres la tienen. Tampoco de unción, porque ambos son tomados y capacitados por el Espíritu Santo. Le aseguro que la Cruz establece un antes y después para ellas como para los varones. Y Cristo fue el mejor ejemplo de un trato igualitario para con ellas, es decir jamás las relegó.

Que no veamos una sola mujer llamada como discípula entre los doce que llamó el Señor no nos dice relegación, nos dice consideración.

El ministerio de importancia para el desarrollo de la iglesia conformado por hermanas es algo que el Nuevo Testamento no oculta.

Continuará…